Las causas más comunes son fallos de red eléctrica, errores de software, modificación de hardware y ataques. Todo ello aderezado por elementos externos como la climatología, la polución excesiva o los movimientos sísmicos.
Por todo ello se hace necesario revisar detenidamente todas las cláusulas que aparecen en el contrato con su proveedor de «cloud» y que implican a las partes en la pérdida de servicios y de datos, en las garantías de recuperación, e incluso en la adherencia a normas y legislaciones de cumplimiento. Todo ello en orden a evitar los temidos efectos para los intereses de los clientes de estos servicios como pueden ser perjuicios en la imagen y disminución de la confianza de los clientes, o incluso sanciones administrativas por incumplimientos en las normativas de protección de datos.
Fuente: Kroll Ontrack, muycomputerpro.com
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